El partido es la hora de la verdad. Una vez iniciado, dejó entrever diferentes circunstancias que favorecieron el triunfo culé y el consecuente descalabro merengue.

Para dos empresas tan grandes del espectáculo deportivo los triunfos se traducen en millonarios ingresos y las derrotas en pérdidas económicas. Es por ello que cuando se compite los objetivos pasan primero por ganar y en segundo lugar por dar una buena imagen. Prueba de ello es que Fabio Capello fue cesado del Real Madrid ganando la liga 2006-2007 con un juego poco vistoso pero efectivo.

El Barcelona ganó y encantó. Así como en la preparación del partido, jugando fieles a su estilo competitivo y consiguió tener un control permanente del partido. Tuvo el 58% de posesión del balón, tácticamente fue un espectáculo, se adelantó pronto y manejó a la perfección los tiempos del encuentro: Guardiola con facilidad desquicia a Cristiano Ronaldo pasados los primeros 30 minutos (esto en el fútbol está permitido y se hace intencionalmente) y el equipo ofrece una lección de rondos en diferentes fases del enfrentamiento, desesperando al rival. Como grupo rozaron la perfección pero en el ámbito individual hubo altibajos: Valdez recibe una tarjeta amarilla por no controlar sus emociones y otros 4 compañeros suyos por distintos motivos también se marchan amonestados. Sin embargo, a pesar de que muchas faltas sean necesarias, hubo demasiadas amarillas para un sólo encuentro. Esto se explica por la presión psicológica que soportaron, y también aplica para el rival, registrando 5 más una expulsión.

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Cuando suele funcionar el método de trabajo de un equipo se confía en él porque la experiencia lo avala. Crecen las sensaciones de seguridad, certidumbre y fluidez, al tiempo que las decisiones sobre situaciones inesperadas se reducen. Acostumbrado a tener el balón, el Barça no demostró ningún amago de improvisación, y por el contrario, sí de una permanente concentración. Incluso en el aspecto motivacional los jugadores no se mostraron distintos porque compitieron con la misma intensidad de siempre, atacando y defendiendo.

Es de resaltar que el trabajo defensivo también tuvo implicaciones sobre el rendimiento mental. Los futbolistas son felices con el balón en los pies y no les gusta estar sin él. Para querer buscarlo hasta el último momento se necesita un gran compromiso porque no es muy divertido. En esto hubo una importante diferencia entre los dos equipos: mientras uno luchaba por recuperar la posesión y volver al “toque toque”, el otro no tenía tiempo para pensar; reaccionaba tarde y volvía a perder la pelota. Y ahora… a correr una y otra vez detrás del balón y encima soportando el “olé” retumbando en sus oídos. Esto se aguanta, pero pronto comienza a minar la mente individual y colectiva.

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Está claro que el Real Madrid vivió de forma muy diferente. A pesar de que todos sabían que la posesión sería del Barça y que se habían preparado tácticamente para ello (seguro que los jugadores iban a muerte con la propuesta de su entrenador), se hecho en falta una actitud que demostrara una sólida fortaleza mental. Una cosa es saber que se va a tener que jugar defendiendo mucho (en ocasiones hasta con 5 jugadores cuando se incorporaba en defensa Di María) y otra distinta controlar las reacciones emocionales al encontrarse ante una serie de situaciones poco habituales: a no tener la pelota, a jugar al contra ataque, a recibir un gol temprano o a ir perdiendo. Aquí se puso a prueba la capacidad de adaptación de los merengues.

Se puede entonces afirmar que el Madrid no salió motivado? No. Seguro que salió con muchas ganas pero al encontrarse con tanta dificultad los objetivos pronto comenzaron a desdibujarse. Su entrenador fue consciente de ello y buscó sin mucho acierto afrontar el segundo tiempo de forma distinta. Pero a los 10 minutos llega el verdadero gol “psicológico”: el tercero y en fuera de juego de Villa que nadie pareció ver. Desde entonces se certifica que ya no había ninguna motivación. Ni siquiera para pelear por la buena imagen.

Si se valora el rendimiento mental de cada futbolista, y sin conocer sus verdaderas causas, se observaron varios casos inusuales de jugadores con un gran desempeño en la actual temporada: Marcelo ofreció muchas facilidades por su banda, Özil y Benzema estuvieron desaparecidos, Sergio Ramos demostró cómo un gran futbolista debe perder los nervios, y tanto Di María como Cristiano Ronaldo fueron un constante querer y no poder. A propósito de lo sucedido entre este último y Guardiola, ¿habrá influido esto en su ejecución del tiro libre pocos minutos después?

Algo evidente es el hecho de que el equipo todavía se está construyendo. Bien lo dice Mourinho: “somos un producto sin acabar”, a diferencia del Barça que es “un equipo acabado”. Como su rival, el Madrid no tiene un grupo de futbolistas con una historia de triunfos y derrotas, llevan poco tiempo en el Club y pocos comparten el mismo sentimiento por la institución. Con esa expresión tal vez también quiera significar que el rival ya lo alcanzó todo y que su ciclo se ha acabado. A día de hoy, nada más incierto.

Un equipo que todavía se está haciendo es normal que presente grietas. Todavía está desarrollando todos los recursos emocionales necesarios para solucionar problemas como grupo. El compromiso que cada futbolista tiene con su compañero no es tan fuerte y no se va a esforzar tanto por darle un apoyo, por desmarcarse o por motivarlo cuando se equivoque.

*El artículo se ha dividido en tres partes para que su lectura fuera más corta y rápida.

 

Autor: Santiago Rivera Matiz

Publicado en: http://www.eltiempo.com/blogs/ni_con_los_pies_ni_con_las_manos_con_la_cabeza/2010/12/factores-invisibles-pero-deter.php